
En diciembre de 2002, junto a otros poetas jóvenes que por aquel entonces nos reuníamos en el bar La Tertulia tributamos un homenaje a Ángel González en el que participaron, entre otros, Luis García Montero, Joaquín Sabina, Benajmín Prado y Felipe Benítez Reyes. Parte de aquel homenaje fue la publicación de una pequeña plaquette con poemas que algunos jóvenes poetas granadinos escribieron a partir de versos de Ángel. Hoy, 6 años después de aquello y con la noticia de la muerte de Ángel González, quiero recordar aquel día con el texto que sirvió de prólogo al librito y en el que culpaba a Luis García Montero de todo, ya que fue él quien me dio a probar del veneno de la poesía de Ángel.
LA CULPA FUE DE LUIS La primera vez que alguno de nosotros supo que existía un poeta que se llamaba Ángel González fue en el instituto: era un autor obligatorio , o sea, que podía ser materia de examen, lo que hacía casi inebitable que la poesía quedara relegada a uno de esos esquemas que resumía de manera milagrosa las características de la literatura del medio siglo español. Más tarde comprendimos la diferencia entre obligatorio e imp rescindible, pero eso fue ya en la Facultad de Letras cuando otro poeta más joven, Luis García Montero, nos leyó en clase de literatura medieval Inventario de lugares propicios al amor. La culpa fue de Luis y c laro, de otras malas compañías que conocimos en La Tertulia, y que nos hablaban de un poeta al que le gustaba el tango y los boleros.
Supimos también de aquel encuentro que se realizó con los autores la Generación del 50 y que luego quedó inmortalizado en la revista Olvidos de Granada con el título de Palabras para un tiempo de silencio, y de los trasnoches en este bar, pero nunca estuvimos allí, no coincidimos en el tiempo. A mediados de los ochenta, cuando todo esto sucedió, para la mayoría de nosotros la poesía era algo desconocido, casi inexistente, y pocos andábamos con la inquietud de hacer versos, preocupándonos mas por las enseñanzas de Coco en Barrio Sésamo o incluso alguno en aprender a leer. Para muchos de nosotros eran los años de la infancia. Para otros no tanto.
El nombre de Ángel González nunca ha sido extraño entre los poetas que en los últimos años nos hemos venido reuniendo en La Tertulia. Ha formado parte de las lecturas de muchos, y también, lógicamente, de las escrituras. Por eso cuando supimos que estaría en Granada y Luis nos sugirió la posibilidad de un encuentro con él, pensamos que la mejor forma de tributarle nuestro particular homenaje era ésta, con poemas creados a partir de sus versos, nuestras palabras a partir de sus palabras.
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