I
A Rafael Guillén
Y qué si el viento mueve nuestros pasos,
los vuelve más ligeros, casi sombras,
y todas las esquinas nos arañan,
o muerden nuestra vida,
arrancan de los cuerpos la esperanza.
Poco importan las cosas que no pueden tocarse,
que no poseen contornos,
y pierden la tibieza.
Nunca pude amar nada que fuera transparente.
Qué importa el viento que se empeña
en una dirección y empuja todo,
qué importan las distancias insalvables
superadas
si no tenemos formas cuando llegue
el último recodo del camino.
Será imposible entonces
sentir el tacto, el roce de una mano.
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