Poemas de Cambio de planes

JUGUETES ROTOS

 

Broken bicycles. Tom Waits

 

En esos muros blancos de la que fue mi infancia
se amontonan las ruinas de la felicidad,
complejos engranajes,
con el polvo de un tiempo casi intacto,
soledad detenida de mis juguetes rotos.


Pasaron tantos marzos sobre mi piel ingenua
y cuántas vueltas ciegas dio la rueda
de aquella bicicleta,
desarmado esqueleto que ahora duerme
el sueño de lo injusto
                               y de la vida cierta.

Quién sabrá que esos ejes oxidados
rodaron a la misma
                               velocidad que un sueño.

Imposible escuchar la voz del tiempo
que se ha quedado atrás.
Imposible correr, sentir el aire tibio
del final del verano sobre el rostro,
entonces con asombro ante el camino.

 

 

 

EL ORO DE LOS DÍAS

 

Verflossen ist Gold der Tage

George Trakl


Pasa un día que es una pendiente.
Y quién de los que estamos
aquí agarrando el aire y su sentencia,
como mirando el tiempo
que gasta un autobús
en cruzar la ciudad y regresar,
se siente con la fuerza
que el miedo nos exige en estos casos.

Abrazamos el oro de los días
y nada vale más que las conversaciones
o ese hueco de tiempo que se queda,
que obliga a retrasar todas las frases
e impone en cada labio
un temor a que todo se convierta en silencio.

 

 

 

REGLAS DEL JUEGO

 

De las cosas que nunca
tendrán un tacto estéril de ceniza,
un desaparecer inevitable,
prefiero quedar lejos.

Amo los días que no niegan
su levedad sobre los calendarios,
la luz antigua de una vela
que sabe que camina hacia lo oscuro
y con todo lo acepta.
El temblor de una torre reflejada en el agua,
las promesas que tienen al tiempo por testigo.

 

 

 

POEMA DE AMOR

 

Para sentir lo tibio
de las últimas horas de septiembre
hubo un tiempo extinguido
                       por los acantilados
como la luz que se descuelga
                                          y se ahoga sin grito
en un mar de basalto.

No volverá el acuático rumor
ni un chillido violento de gaviota.

Cuando el invierno sea
la última verdad a que agarrarse
y todas las ciudades nos cierren sus murallas,
entonces te diré
que una y mil veces,
                               sobre los mismos pasos,
repetiría la vida contigo.

 

 

 

ATARDECE EN ULLAPOOL

 

A Fernando Valverde

 

Hay costas que dibujan trayectorias,
imaginadas líneas sobre playas
siempre invernales, siempre luz opaca,
y el olor a petróleo que se obstina
sobre todas las brisas.
Y es así que las piedras, las castigadas piedras,
aprendieron del agua y su constancia.

Puede que el Mar del Norte no distinga
las luces, los pequeños barcos intermitentes
en la quietud salada de Ullapool.

Es mejor no pensarnos.
Mientras atardecemos,
que la brizna encendida del último minuto
se retenga en mis ojos.
Así podré gozar para siempre esta pérdida.

 

 

 

INTUICIÓN DEL MAL

 

Más arriba del puente,
en la orilla derecha del Neretva,
han crecido los árboles.
Sus ramas ya se mecen con el viento.
Son altos y han hundido sus raíces
en ese barro húmedo.
La nieve cubrirá el próximo invierno
las montañas del norte,
               el camino hasta el río,
y una losa con musgo:
Majda Besic fundiéndose en la tierra.

 

 

 

CAMBIO DE PLANES


No sirven los pronósticos pactados
si al abrir la maleta
encuentras mucho menos equipaje,
un hueco inesperado.

Qué lleva a deshacer un libro casi escrito,
a firmar un final que inicie un nuevo párrafo,
a tener la certeza de que es hora
de la huida adelante,
               y de un cambio de planes.

Los días se suceden como alondras
y de pronto un disparo destroza esa cadencia.
Lo sabe en su rumor el viento de la tarde.

Hay un lago que puede reflejar
la angustia y la esperanza de su orilla,
del que todo ha perdido,
               del que todo lo espera.

 

 

 

MANAGUA, PLAZA DE LA REVOLUCIÓN

 

Qué suerte la tuya de estar muerto Carlos Fonseca

 

Gioconda Belli

 

Para Blanca Castellón

 

 

Se mira bello el cielo esta tarde de julio.

No amenazan las nubes, nos respeta la lluvia.

La vieja catedral en pie como un milagro

ya no sirve de fondo para los noticieros:

Nadie lanza consignas, nadie eleva banderas.

Los hombres que descansan bajo los chilamates,

los niños que se acercan para pedir monedas.

El calor y los buses amarillos.

El vendedor de fresco en la parada,

los taxis sempiternos con paciencia de siglos.

Managua sin canciones,

sin himnos que ya son

vencidas partituras de la historia.

 

Pasa un carro a lo lejos y un parlante recuerda

una gran bacanal de aniversario:

 

Es mejor el silencio que los sueños que un día

parecían posibles. 

 

Las palabras que pierden el calor y la vida

no sirven esta tarde.

Digo revolución y me respondes:

No fue más que un destello,

una noche de fuego, tantos años de humo.

 

 

 

TEMPORADA DE LLUVIAS


Ya no temes la noche como cuando eras niña.


Ahuyentas los fantasmas
con naturalidad,
como amanece siempre.


También hoy ha llovido.
La calle, que es de barro y de pisadas,
de tormenta que insiste
y asoma por las mismas cordilleras,
se ha llenado de charcos.

Es día laborable
y nada extraordinario:
la caída de un ángel en la playa,
la llegada de John, el marinero
que prometió su vuelta a Lidia.

Por un momento vuelves la mirada,
te detienes
en busca del que espera
sentado bajo el quicio de una puerta.

Mañana volverás a ver la lluvia.
Es cuestión de rutina y de pronósticos.

 

Granada (Nicaragua) Junio de 2005

 

 

 

EL ÁRBOL

 

Todavía me duele
la herida de la tierra que anegada
pisabas hasta ayer,
las casas y el olor de la hojarasca.

El miedo que a los niños ya no asusta
es un volcán acostumbrado.

La noche se convierte en continente
y sabes que a este cielo
le faltan más estrellas que miradas.

Si rechazas las voces que amenazan tu sueño
y descubres que ahora
la lluvia sólo sirve de pretexto
para vivir un tiempo con ese diapasón
verás que a las tormentas
yo las miro de lejos,
como se mira a un niño y su tristeza.

No temas dar la espalda a las contradicciones
vivir consiste en eso.

Hay un árbol que crece sin temor a la altura.
Abracémoslo.
No impide la maleza acariciar el cielo.

 

 

 

GUARDADO EN LOS BOLSILLOS

 

Te dije que el océano
es un minuto azul sobre una eternidad,
un lento respirar,
una brecha en el tiempo del que espera.

Aún llevo en los bolsillos
un fragmento de abrazo y de silencio,
una voz que es tu nombre,
un puñado de arena que escapa entre los dedos.

Te dije que el invierno
es un camino blanco y un andar en luz tibia,
los rumores de un puerto,
el viajero que aguarda los avisos.

 

Aún llevo en los bolsillos
el sabor de los mangos y el jocote,
la mirada de un niño,
un temblor como un beso, un billete de vuelta. 

 

(Selección de poemas de Cambio de planes. Visor, Madrid, 2008)